26/12/2015

Lucenes dcn 36 cambio ágil para volver a cambiar

Concluye otro año intenso en el que hemos ido implantando los cambios necesarios para adaptarnos a un nuevo modelo económico que tiene trazas de mantenerse varios años. Son tiempos complicados, con acontecimientos complejos, que no nos facilitan el dar con demasiadas pistas de hacia dónde ir, y que nos exigen transformarnos, teniendo que aprender nuevas maneras y a ritmos desconocidos. Esto, que se decía en la literatura de negocios desde hace dos décadas, ha terminado por convertirse en realidad. Cambiar o morir.

Turbulencias internacionales.

La situación internacional está fuertemente marcada por la emergente multilateralidad geopolítica, más allá del equilibrio autoimpuesto del consejo de seguridad de la ONU. Y, no tanto como parecía a final de la primera década del siglo, con la entrada de los BRICS, cuyas economías se han visto fácilmente vulnerables a la crisis financiera, la corrupción interna, al precio del petróleo y al de las materias primas, retrasando su ascenso a primera línea del poder.

Sino por la retirada de USA en su modelo de imposición de una visión del mundo más condicionada por sus intereses económicos que por un progreso conjunto de todos los países. La emergencia de China como potencia a la que ha sido fácil distorsionar con la retirada de producción debido al aumento de costes y al subsiguiente debilitamiento de su moneda, retrasando el crecimiento de su consumo interno como fuente de esperanza para su inestable economía. La soledad secular de Rusia ha resurgido en un intento de recuperar un pasado hegemónico, como siempre, en busca de su identidad.

La crisis financiera del 2008 no parece haberse superado por un modelo sólido de impulso económico, y sí debilitado por el precio del petróleo y la relativa baja inflación y coste del capital. Las medidas macroeconómicas están teniendo un limitado efecto, caminando con recetas del pasado hacia no se sabe muy bien dónde.

Esto provoca la emergencia de multitud de conflictos armados o sociales dispersos por todo el mundo: países musulmanes Siria, Irak, Yemen, Afganistán, Palestina; África subsahariana musulmana: Sahel, Nigeria, Kenya; conflictos de las minorías musulmanas en el Oeste de China; sus reflejos en Occidente como en Ucrania,o las acciones terroristas musulmanes desde el 11M hasta Paris hace unas semanas; América Latina y su frente salvador Bolivariano que, tras la esperanza generada en un inicio, ha vuelto con la cruda realidad de desequilibrios en Venezuela, Brasil y Argentina; el nuevo ciberconflicto con su capacidad de sabotajes y de doctrina a través de las redes sociales. La sensación es de estar viviendo una tercera guerra mundial con unas características propias, que afecta a todos y marca una dinámica económica pusilánime sino de retroceso.

Estas dificultades han puesto en crisis los paradigmas de desarrollo global del siglo XX y forzando la renuncia de líderes importantes mundiales: el Papa Benedicto XVI, varias sucesiones en las monarquías Europeos como en Holanda o en España, crisis Bolivariana, incertidumbre a la superación de Obama en USA, chovinismo agresivo de Putin, transformación del poder Chino acosado por la corrupción indomable provocada por el crecimiento de su economía… dejando el liderazgo mundial falto de figuras de renombre que marquen los nuevos pasos a dar. Es una llamada a una nueva generación nacida en otro contexto, con otras aspiraciones.

¿Qué hacer para convivir en esta situación?

Vivimos tiempos de transición de épocas y la única forma es vivir intensamente los cambios, y cambiar con ellos, sin miedos y sin reservas. La naturaleza nos une a todos en un mismo futuro. De ahí venimos y allí acabamos. Surge con renovada potencia el movimiento contra el cambio climático consecuencia de un modelo de vida global que es insostenible.

Invita a reenfocarnos a los grandes problemas de la humanidad: la salud, la longevidad con dignidad, las enfermedades raras, el hambre, las materias primas incluso las que vengan en los meteoritos, el agua, la energía, la vivienda sostenible…

La emergencia de la innovación y la tecnología como la portadora de soluciones a los problemas existentes e incluso creando nuevos problemas inexistentes a partir de las soluciones tecnológicas disponibles (herencia del marketing de los últimos dos siglos). Esto hace que las ventajas competitivas no duran más de año y medio. Si antes para ver resultados de una buena decisión había que esperar ese plazo, ahora se acortan los plazos de conseguir resultados y se acortan las defensas. Esto obliga a seguir cambiando permanentemente… mientras dure esta transición.

Y ante la agresividad cercana se responde con amor y un redoblado esfuerzo en resolver de otra manera los conflictos, en definir una forma de vida sostenible, en encontrar nuevas ilusiones en nuevas dimensiones de la existencia… superando las eternas debilidades del existir humano. Esta es la parte optimista del proceso. Y que no se pierda.

Nosotros cómo estamos reaccionando.

Se trata de un tiempo donde vuelve a haber trabajo, puede que en cantidad, aunque deflaccionado y variable a resultados, exigiendo aportar un verdadero y tangible valor añadido. Hay un exceso de oferta de todo, los gastos corrientes son altos y se compite con muchas otras categorías de productos y servicios por un trocito de pocket share y es difícil conquistar una cuota de mind share que sea sostenible. Hay casos de flores de Mayo que ganan prestigio de un día para luego desvanecerse en el olvido. Grandes corporaciones entran en dificultades y deambulan sin destino.

Algunas organizaciones sí son capaces de reaccionar, por las personas que tiene dentro y su capacidad de inteligencia colectiva. La sensación de vulnerabilidad, de insignificancia e intrascendencia, nos obliga a repensar las misiones de las organizaciones y las visiones sobre cómo conseguir construirlas. Nos inspiraciones en las tendencias de este proceso de transición.

Nosotros seguimos contribuyendo al desarrollo de una economía inteligente para el impulso de la sociedad. Sin embargo, nos hemos visto obligados a migrar en estos últimos años de dentro a fuera, en el sentido de las relaciones, desterritorializándonos como diría Giles Deleuze. La crisis, con sus contradicciones internas y conflictos interiores, y nuestras limitaciones para comprenderla, nos ha expulsado de dentro, porque no quería tanto de colaborativo. El empacho de conocimiento de management lo ha vuelto casi inútil, reclamando nuevas soluciones a la forma de acometer los problemas.

Así hemos repensado las relaciones supervivientes y redefinido el fondo de comercio como cimiento del camino futuro. Por tanto hemos cambiado profundamente prestigiando nuestra capacidad de resolver situaciones problemáticas.

La gestión de los fondos de inversión había transitado este mismo proceso de desterritorialización mucho antes, siendo más sensibles a los nuevos tiempos, enfrentados como estaban a los cambios profundos de las soluciones. Enfocándose verticalmente a sectores concretos (bio y tech), definiendo bien los espacios que debe ocupar cada uno, aprehendiendo la interdependencia entre los actores, aspirando al máximo y exigiendo lo máximo. Sufriendo con satisfacción.

La intensidad de construcción de alianzas y colaboraciones ha generado un nuevo campo de oportunidades aparentemente inexistentes y, sin embargo, tan cercanas, sencillas y con capacidad de cambio. Muy importante esta dinámica en un momento de pocas certezas, abriendo nuevos espacios de desarrollo. Eso sí, también generando de nuevo una confusión de misión a muchas organizaciones tradicionales. Quien no se adapte va a sufrir más de lo justo.

Este proceso ha ido prestigiando la capacidad de management y poniéndola al servicio de quien lo necesita, ejercicio de humildad en su máxima pureza y de dignidad para defender el propio sentido de construcción de relaciones. Tras la gestión de la crisis vuelve la estrategia, con la pregunta “¿y ahora qué?”, la generación de recursos vía desarrollo de negocio o con gestión de corporate finance, ambas generadoras de cash. Todo esto con la irrupción de la tecnología en el escenario económico, introduciéndola en las empresas para generar crecimiento.

Además la toma de gestión directa de determinadas actividades de las empresas en formato de outsourcing, que no siendo capaces de ejecutarlas bien o tan bien como un externo, ceden colaborativamente para construir a éxito unos mejores resultados. Esto ha expandido nuestras miras a mercados cercanos o lejanos donde ya se había construido relaciones estables como Europa Occidental, Korea, China, India, Europa del Este, USA, México, Colombia, Perú, Chile y Sudáfrica. Y a diferentes actividades como la internacionalización, el ecommerce, el desarrollo de producto, el sourcing…

Y lo más importante, nos ha impuesto enormes retos a nivel personal, siendo muy exigente con la formación de un equipo excelente, desde lo individual a lo colectivo. Y ser capaces de estructurar muy bien estas dimensiones. El 2016 verá una gran evolución en estas dimensiones.

Perspectivas 2016.

Debería ser un año de enorme impacto en nuestro desarrollo internacional estando presentes en todos los continentes de forma progresiva. Esto nos debe permitir conocer parte de las claves para sobrevivir la actual situación de turbulencias internacionales. Conocer las mejores oportunidades de trabajo país a país y potenciar estas vías.

El momento logrado en 2015, debe llevar a una mejor sistemática de gestión de un gran caudal de oportunidades, de difícil valorización, pero de ser exitosas muy lucrativas. Seguirá siendo un año de enorme cambio donde no todo valdrá, algún aspecto inicialmente infravalorado será verdaderamente valioso y habremos acertado en algún otro tema como se pensaba de inicio.

En esta línea, una mayor exigencia a los equipos, a las formas de colaborar, a los modelos de fondo de comercio que sean productivos en tiempos de tanta convulsión.

Y todo sin perder la sensación de ser unos sufrientes privilegiados por seguir construyendo una forma de trabajar que deje un mejor mundo a nuestros hijos y a los hijos de nuestros otros.