14/08/2007

Lucenes º12: Silencios

Elogio a la economía silenciosa que está surgiendo en los garajes más humildes. Nos lanzamos a desorganizar las organizaciones y convertirlas en garajes donde citar las necesidades profundas que tienen la sociedad y los individuos que la componemos. Dejemos de consumir para hacer sostenible el sistema económico y convertirlo en un sistema generador de vida. Ya no vamos a tener ni clientes ni consumidores, sino disfrutadores que nos financian con su compra la búsqueda que perseguimos. Son los mecenas de la nueva economía, y actúan desde la densidad de sus vidas con las que debemos sintonizar.

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El valor del silencio.

Son de esas cosas que nunca olvidas. Antes de comenzar la faena de muleta, La Maestranza sobrecoge por su silencio, destello de Sabiduría, preludio del destino de toda vida condenada a morir, de la congoja ante la emoción del arte y del respeto por la bravura y el valor. En un periplo por las plazas de España nunca se ha vivido nada igual, y es que en Sevilla la fiesta se vive de forma diferente.

Sin embargo, en estos tiempos tenemos un sentido creciente de dependencia de los medios de comunicación en cuanto a que nos estructuran el interés que debemos tener, la forma de interpretar la realidad y que aumentan la presión a depender más de la opinión del Grupo. Como último estertor de esta realidad insostenible, es el deformado poder que tiene la Políticas en cuanto a marcar la agenda de la Sociedad.

Por eso, Hoy resulta más vigente que hace 15 años la opinión de Walssavitz, cuando decía que el silencio era una forma de comunicación.

Los silencios, como la distancia y los terrenos en los toros, son elementos fundamentales de la realidad que hay que saber leer si queremos guiarnos y guiar el devenir de la Sociedad.

Mientras estamos interpretando a la competencia para orientar nuestra estrategia, no sabemos a ciencia cierta lo que están decidiendo en sus reuniones. Mal interpretamos sus silencios, tratando de perfilar la clave del éxito de los demás. De hecho, cuando una organización tiene éxito corren numerosas explicaciones que lo hagan comprensible; normalmente explicaciones muy sencillas que apenas toman un aspecto menor de la realidad. Cría fama y échate a dormir, que dicta el adagio.

Hay quien decía que la única forma de tener éxito en el mundo de la empresa, era marcar tu propio camino. ¡Si no, qué más se podía hacer! Esto es más verdad con la intensa globalización a la que nos enfrentamos Hoy y que obliga a que los sectores con éxito estable no duren mucho tiempo. Hoy hace falta un modelo de negocio consistente para generar margen y flexible para adaptarse a su propia redefinición.

Imaginemos la cantidad de emprendedores que están ahora mismo poniendo las bases de las organizaciones que nos harán la vida más placentera en el futuro.

Sin duda el silencio no lo valoramos suficientemente como un elemento de potencialidad económica. Preferimos confirmar el triunfo en el ruido y en el impacto mediático. Nos conformamos con creer que la cresta de la ola es el fenómeno que provoca la ola.

Sin embargo, hay en el silencio un indicio de la capacidad latente que tenemos las personas de ser algo que Hoy no somos aún. Y la posibilidad es parte del éxito. Por lo menos así se valoran las empresas desde su perspectiva más ortodoxa con los descuentos de caja futuros.

Recuerdo la enorme influencia de Emmanuel Mounier en una iniciación a la filosofía del personalismo. Por ella se defendía la necesidad de crear un espacio alrededor de las personas que permitiera su desarrollo total. Lo que resaltaba era la necesidad dinámica de la realidad de las personas que en absoluto podía juzgarse por su foto actual. Vaya dificultad para el modelo contable de gestión.

Y es que son más importantes los silencios que los ruidos, si uno quiere conocer de verdad lo que va a ocurrir. Lo que no se ve pero ya se está gestando. Bajar a la dinámica de cambio que se está produciendo.

Cuando este silencio nos lo llevamos a las organizaciones, nos provoca cierta perplejidad buscar una forma de gestionar el silencio. Problemas no comunicados, tensión entre empleados, discrepancias sobre la estrategia que quedan escondidas… Cuando la máquina de café está en silencio es cuando la ruptura es irreparable.

Como el amor se genera desde los matices, mientras que la pasión es absoluta, quizás los medios de comunicación sean apasionados y la reflexión sea amorosa. Dejemos pues de reflexionar leyendo periódicos los Domingos y desarrollemos nuestro espíritu crítico los días de descanso utilizando otros medios. Sino estaremos atrapados en lo apasionado pero no entenderemos el curso de los acontecimientos que se lee en los matices. Resulta que el racionalismo lógico esconde una forma perniciosa de pasión por lo lineal.

Valoremos el silencio de la organización como antesala de su propio destino, igual que la imponente realidad escénica de La Maestranza establece sobre la lucha a muerte. Cuando la organización duda es que no tiene silencios por los que pelear. Amemos los silencios, permitamos las contradicciones, escuchemos por donde transita la organización…

De consumidor a mecenas.

Y persiguiendo alguno de esos silencios nos acercamos, sin saberlo, al mundo de las marcas de prestigio, buscando aprender a vivir tratando con los intangibles. La educación recibida en casa pedía que todo el mundo económico sirviera para algo más que para almacenar riqueza.

La experiencia directa con el mundo de las marcas nos mostró el enamoramiento furtivo que se produce entre el disfrutador (consumidor) de un producto o servicio y el buen hacer de la empresa que lo produce o entrega. En contra del ritmo marcado por la moda, este flechazo se produce en detalles que nos hacen seguidores fieles de las marcas.

En ocasiones, esto ocurre a pesar de lo mal que gestionamos la empresa a través de su modelo de negocio. Esto último choca en gran medida con la convicción generalizada de ejecutar bien, por encima de todas las demás consideraciones.

Son las marcas, desde el silencio de su búsqueda, las que encuentran financieros en sus disfrutadores, para seguir creando y mejorando. Estos disfrutadores de la vida se valen de los productos o los servicios que les proporcionamos como medios para hacer de su vida una realidad valiosa.

Y esto a pesar de la creencia que la publicidad es la que impulsa al éxito, porque empuja (engaña) a gastar. O la moda última de dar valor a los no clientes y explotar a los clientes. ¡Qué triste!

El éxito, la base del boca a boca (qué feo y poco dinámico es limitar esto al boca oreja), es lo bien que hace una empresa las cosas, que al final es por lo que se es conocida, y llega a enamorar al disfrutador. Un poco de rentabilidad viene de hacer algo bien, mientras que la mayor rentabilidad viene de hacer muchas cosas bien.

Interesante esto de ver a los clientes como financiadores a los que debemos seguir superando sus expectativas todos los días. Estas expectativas son sobre el disfrute de la vida. Interesante convertir a los consumidores en disfrutadores y financiadores del futuro creador de una organización. Los clientes, dejan de ser consumidores, y se convierten en los mecenas de una misión extendida.

Cuando hablamos de los stakeholders ya se mostraba este punto de vista. Nothing new, Business as usual. El nacimiento de la figura de accionista – cliente en el Ámsterdam y en el Venecia del siglo XVI, tenía su origen en la financiación de las empresas comerciales que enraizaron la colonización y que coincidían en gran medida en los mismos clientes a los que se les vendía las especias. Está en su propio origen.

Aquí hay una clave. Esto amplía la perspectiva que debemos darle a la misión corporativa en un mundo sostenible.

Cambiemos el término de consumidor y dejemos de consumir. Aprendamos a disfrutar de la vida con los objetos y los servicios que nos rodean mientras conseguimos desatar la dependencia que el mundo actual tiene del consumo repetitivo. Acuñemos el término disfrutador. Imaginemos un término anglosajón Enjoint = enjoy + joint, disfrutar juntos, la organización creando para el disfrutador de la vida.

Esta nueva perspectiva exige conseguir que las empresas no estén orientadas hacia la maximización del consumo, sino hacia la maximización del disfrute de la vida de sus disfrutadores. Siempre ha sido así.

Si nos convencemos que ya está acabado el combate contra la miseria del consumismo y que estamos iniciando una época que cuestiona el historicismo (carácter lineal del progreso), ya se vuelve a mirar la experiencia real de cada uno. Miramos más hacia dentro que hacia fuera. Tenemos que conocer en profundidad la realidad existencial y de disfrute del disfrutador.

Sostenibilidad del silencio.

Debemos reinterpretar el capitalismo de forma que sea sostenible. La ambición Humana ha ido encontrando en los últimos siglos su sentido en la maximización de beneficios. Claro que hay que admirar el éxito que supone esto como superación de la conquista violenta como fórmula de alcanzar la riqueza y el poder. O tal vez, nos haya engañado y siga mandando la violencia. Si no quizás los bancos reorientarían sus negocios basados en una usura cristianizada. Ha tenido que ser Oriente la que nos haya traído los microcréditos.

Buscamos generar una economía que sea sostenible, porque permita el desarrollo de los individuos y de la Sociedad. Debemos fomentar políticas donde la individualidad lidere para el bien común. El experimento soviético perdió en gran medida porque quiso quitar importancia al papel del silencio individual en la definición del propio camino.

Debemos canalizar esta realidad del disfrute silencioso de la vida para hacer la economía sostenible. Las ansias de tener, de ser reconocido, de ser admirado y envidiado por lo hecho, “hacerse el gallito”… debe pasar a vivirse hacia dentro y en silencio.

El silencio es poco valorado en el capitalismo. Dice mi amigo Andy Krishnaputra que es un tema de líderes silenciosos que materialicen este hecho en sus vidas. Vivimos una ola de popularidad que empieza a dar fuerza a esta teoría.

Aprendamos a mirar a una organización como el resultado de miles de decisiones silenciosas de todas las personas que la rodean han tomado: disfrutadores, detallistas, distribuidores, proveedores…

Claude Levi-Strauss titula uno de sus últimos libros “Mirar, escuchar, leer” en una muestra de actitud abierta pero sincera a mirar a las cosas, antes de que el racionalismo nos empujara hacia el abismo poco imaginativo de mirar todo desde la lógica racional.

Las organizaciones actuales son fruto de esta tendencia a racionalizar la sociedad. Si las vemos como fruto de miles de decisiones silenciosas, son algo diferente. La organización es lo que es gracias a los mecenas que deciden cosas respecto a ella. Debemos superar el miedo a la falta de control que parece dictar esta realidad.

La lucidez es fronteriza.

Es verdad que la lucidez surge en las fronteras del negocio. Ya hablábamos sobre esto en el Lucenes dcn 11 del modelo de fugas. Si miramos a todos los actores que deciden algo de nuestra realidad entendemos mejor las cosas.

Dicen que cuanto más aprendemos más tenemos que aprender, ya que aumenta la frontera entre nuestra ignorancia y el mundo exterior. El desarrollo individual y el de las organizaciones deben ocurrir en gran medida en las fronteras.

El conocimiento es como un círculo que crece: cuando la realidad nos muestra nuestras incongruencias a la hora de aplicar y materializar la misión, cuando descubrimos que hay algo más alrededor de nuestra misión, cuando jugamos a cambiar las proporciones… es entonces cuando damos un salto cualitativo y crecemos.

Desde las fronteras del negocio y sus silencios, surge la claridad para hacer explotar el common place y darle un nuevo sentido más adecuado a los tiempos. Son los momentos álgidos del pensamiento estratégico. Te das cuenta de algo que te hace reconsiderarlo todo. Se produce una disrupción. Descubrimos una nueva dimensión que le da un nuevo sentido a todo. Entendemos la estética del momento o de la situación.

Esta es una de las claves de la gestión de la estrategia: generar una inteligencia colectiva que sepa provocar disrupciones y crisis en las fronteras del modelo de realidad que persigue construir la organización. La cuantificación de esto viene después y es mucho menos importante. Hace unos cuantos Lucenes dcn hablábamos de la responsabilidad del Consejero Delegado en provocar esta dinámica de la inteligencia de Grupo.

La reflexión sobre el silencio viene de admirar a los emprendedores con su visión relativamente cerrada para enfrentarse a los retos que quieren afrontar. El silencio les dirige hacia lo que creen a pesar de todas las dificultades a las que se enfrentan. Al emprendedor se le considera de mente abierta porque se mueve en la frontera de la lógica, aunque en sí debe ser muy cerrado. Pensamiento fuera de la caja pero cerrado en sí.

Me imagino que formamos parte de una sociedad en continuo crecimiento porque estamos convencidos que, en este mismo momento y en cualquier “garaje”, algo nuevo se está fraguando y hace más grande la sociedad. En estos lugares donde se produce la realidad en silencio es donde se está produciendo la sociedad del Mañana. Llamémosles focos de lucidez. Estos centros están en la frontera de la realidad que creemos vivir.

Aprendiendo del silencio.

La distancia y el tiempo, con sus silencios, no rompen las verdaderas amistades. Estas se retoman en el punto exacto donde se dejaron. Quizás porque comparten el silencio de lo vivido juntos, en la frontera con nuestras propias vidas. Allí donde esculpimos parte de lo que somos. Es como si existiera un lenguaje eterno de lo que ha sido trascendental. Haber luchado hombro con hombro, haber pasado juntos un gran peligro, haber sido amantes furtivos… Este silencio consolida la lealtad.

Y es que en las organizaciones se aumenta la cohesión cuando el equipo es capaz de vivir cohesionadamente el desarrollo de la empresa.

Cuando bajamos a nivel personal el tema de los silencios se hace más enriquecedor. Cualquier persona nos puede enseñar algo. Su silencio esconde aquellos aspectos que más le llaman la atención a uno y para los que ha desarrollado una sensibilidad especial. En inglés sensible significa inteligente. La sensibilidad es algo con lo que hay que vivir. El que vive a tope se hace más inteligente. Lo llaman experiencia, aunque sólo se cree que la tiene el que ha repetido hasta la saciedad una tarea.

Esto llevado a la empresa hace in-humana una organización funcional que ha limitado el desarrollo sensible. Hay que ser capaz de vivir la vida por todos los poros, y ser sensible a casi todo. Si miramos la organización por motivaciones o necesidades, Hoy estamos muy lejos de haber creado organizaciones ejemplares que explotan los silencios.

Con su apariencia, una persona guarda en silencio una cartografía de los hechos que le han marcado. Sumatorio de hechos que hacen ser.

Si la empresa pudiera ser más que el conjunto de sus personas, acumularía un repositorio de Humanidad que nos permitiría adaptar su role social a las necesidades individuales de sus personas. Imaginemos el ADN tan rico que tendría una empresa. Sería más que la suma de motivaciones, necesidades y convicciones de todas las personas de la organización. La misión que resultaría de esto sería muy transformadora.

Otra clave. Deberíamos conocer esto con mayor profundidad, comunicarlo y asociarlo al valor de uso de los disfrutadores. Tendríamos un role sostenible por el que desarrollar la empresa. Parece que encontramos cierta luz hacia la sostenibilidad.

Nos enfrentamos a una Humanidad que pide en silencio lo que necesita. Pide que se superen sus expectativas porque no sabe expresar lo que necesita más que en silencio. Por eso hablamos de superar las expectativas y no sólo cumplirlas. La orientación al cliente es Hoy profundamente falaz, esconde el engaño. Siempre hay alguien dispuesto a ganar un dinero resolviendo una necesidad evidente de un cliente. Le especulación resuelve problemas bajo un halo de necesidades fundamentales. Se aprovechan de coyunturas, por más que sean flores de Mayo. Estas organizaciones quieren vivir de sus necesidades fisiológicas, lo cual nos da el nivel de desarrollo mediocre en el que nos encontramos. Potenciamos nuestras miserias dando respuesta sólo a estas necesidades. El desarrollo urbanístico nos ha permitido crear una imagen espantosa de lo peor nuestro. No hay arte de vivir. Sólo CF extraordinario. Pero no hay una visión real de orientación al cliente, y a quién le importa si se gana dinero.

No todas las necesidades encuentran quien se quiera enfrentar a ellas; hay problemas tangibles fáciles de ver que claman al cielo por una solución. La Humanidad asiste con impotencia a convivir con problemas fundamentales. La gente enferma o con hambre vive en silencio su desgracia.

Porque haya mentes que no quieran resolver los problemas fundamentales, no debemos convivir con ellos. Luchemos contra las necesidades fundamentales no resueltas. Hagamos menos necesario lo tangible, no nos perdamos en comunicar nuestras indignidades, egos o vanidades… Hagamos más necesario lo latente que espera pacientemente a que alguien lo desactive. Enfrentémonos a los problemas reales. Hay mucho tesoro escondido. Es donde se produce el desarrollo de la Humanidad. Es el arte de vivir. Desde este silencio que resuelve lo fundamental avanza la Humanidad.

Reenfoquemos nuestras misiones. Divisemos a este nivel las preguntas más difíciles: qué hacemos, para qué, a qué necesidades respondemos. Tangibilicemos esto en utilidades que resuelvan cosas. Ayudemos a nuestros mecenas a ser disfrutadores.

La estética del silencio.

Es curioso que la culpa haya llegado a centrarse sólo a nivel individual, como efecto del reduccionismo. Vamos dejando ADN por todas partes y esto está permitiendo que nos identifiquen como culpables de algo. Todo se fiscaliza.

Qué Humano es ir dejando partes de nosotros por todas partes. Nos entregamos todos los días al mundo. No es posible que se nos quiera fiscalizar sólo por lo que hemos hecho y no por lo que somos capaces de hacer. El espíritu humano se resiste a que se le limite y siempre es libre.

El ser Humano es libre desde su silencio desde el que se sale del camino trazado bajo la luz de su misión. Para aquellos que gestionan algo trascendental los silencios son importantes. Lo silencioso es aquello que resulta trascendental. El significado que alcanzan los temas sólo se ven con el tiempo. No es lo aparente, como el concepto actual de vida que se centra en lo aparente. Es lo que queda. La densidad del ser. No puede pensarse en la linealidad de la Historia porque a priori no se vea la trascendencia. Ya lo decía Karl Popper.

Oye tus silencios. Tu estética se esculpe de silencios. Eso que te llama y te silencia porque te impresiona. Eso que queda plasmado en una imagen. Nuestra mente es más gráfica que racional. Tus quejas rompen el silencio, los lloros y los quejidos, te descentran. En el País Dogón en Malí, las decisiones de la tribu se toman bajo un techo de 50 cm de altura, de forma que si alguien se altera se golpea y se calla. Uno piensa cuando se abstrae.

Entendemos nuestras expectativas al acercarnos al precipicio de la vida, el valor, el sufrimiento, la injusticia de la vida…. El mundo lo podemos enriquecer comunicando siempre con los silencios de nuestros cercanos. Ahí reside el valor del cambio y la sintonía con nuestro disfrutador. La comunicación aspira a entrar en contacto con las situaciones de las personas, donde uno reflexiona consigo mismo con la estética de la vida a la que quiere entregarse. Cuando leemos un libro, escuchamos a alguien y reflexionamos sobre algún aspecto que nos abre la mente a una nueva perspectiva. Disrupciones de nuestro modelo mental.

Hemos cumplido una era de desarrollo. Ahora iniciamos otra Era. Tenemos que desarrollar líderes que crean que es posible y tenemos que comunicarnos con sus silencios. La sostenibilidad de la creencia en la misión de enriquecer el mundo.

La empresa, potenciación de sus individuos.

Además hagamos este ejercicio en conjunto todos los que formamos parte de la organización. Tenemos que aprender a aprender en grupo, como ha hecho la Humanidad a lo largo de la Historia.

Los silencios de las personas, sus aspiraciones, motivaciones y convicciones. Apelar a lo deseado en silencio. Que la empresa establezca su sentido a partir de las personas que la componen.

Michael T. Black, CEO de la Bolsa de Chicago en 1987, año del crack bursátil, nos decía que el role de un líder es alinear a la organización en perseguir un fin común y no tanto en establecer el fin en sí. Qué gran verdad y qué forma de elevar el valor de las personas, ahora que nos cansamos de repetirnos que lo más importante en una sociedad del conocimiento son las personas.

Es necesario alinear con este fin la misión corporativa, la responsabilidad funcional y la retribución. Todos tienen que participar en este proceso. Así en una democracia pierde sentido el poder ejecutivo. Debe ser un poder liderativo. La ejecución se produce en las personas que son las que en silencio crean. Tiempos para hacer avanzar el modelo de democracia.

Necesario explotar los silencios que proceden de las incongruencias, las evidencias o de lo nuevo descubierto. Estas situaciones hay que provocarlas en las fronteras de la organización, allí donde su sentido se gana o se pierde.

Por un lado, provocar los silencios, consiguiendo un entorno de reflexión donde se creen estas situaciones. El valor de la inteligencia colectiva que permite generarlas. Ha quedado escrito en el Oráculo del Maestranza. Provocar disrupciones en el modelo mental, cuestionar creencias fundamentales, elevar los fracasos de la organización como forma de aprender, ampliar la misión, aplicar pensamiento lateral para cambiar las dimensiones fundamentales del negocio, elevar la solemnidad de los ratios que nos obliguen a tensionar sanamente la organización.

La empresa funcional ha eliminado en gran medida la reflexión a pesar que las personas lo necesitaran. Buscando eficiencia hemos dejado de serlo.

Debemos llevar a las fronteras del negocio las preguntas difíciles en las cuales buscar respuestas en el entorno. El sentido de sostenibilidad de la empresa, el capitalismo y la sociedad. Llevar la innovación a la frontera del negocio, ampliando el concepto de frontera de negocio desde la redefinición de la misión. Así es posible innovar en todas las dimensiones. Hay que adaptar los sistemas de organización de forma que permitan gestionar esta realidad.

Todas las empresas que viven muchos años han cambiado de actividad. No hay que aferrarse más de la medida a nada.

Lo nuevo llega en silencio.

Nuestra más profunda admiración para todas esas personas que han desarrollado una sociedad como la que tenemos. Las espaldas de esos personajes que han llevado en silencio el peso del cambio de mentalidad y de intensidad.

Apoyemos a los mecenas que hacen sociedad. En los silencios de los que nos rodean residen muchas de las preguntas que nos hacemos. Incluso residen algunas de las preguntas que nos deberíamos hacer.

Debemos cambiar el role de los líderes de forma que sean más liberadores de silencios que cárcel de los mismos. Más mecenazgo y menos egocentrismo.

Los newcomers son innovadores. Vienen en silencio. Si queremos ser innovadores redefinámosla más en términos de actitud y menos de aptitud. Más emocional y menos racional. Bienvenidos los seres Humanos que en silencio presentan sus credenciales.